Una crónica de otro tiempo, muy alejado del nuestro: Según la tradición histórica romana, en el trascurso de la primera guerra púnica, entre Roma y Cartago en el 250 a.de C., el general Marco Atilio Regulo fue hecho prisionero por los cartagineses. Al ir estos perdiendo la contienda, decidieron enviar a Marco Atilio para que negociara un acuerdo de paz con el Senado romano. Confiaron en su palabra de regresar con ellos, en el caso de no conseguirlo. El general, coherente con su condición de militar romano, instó a los senadores a rechazar la propuesta del enemigo. Luego, para no romper la palabra dada, lo que se le hubiera representado como sucumbir moralmente, cumplió la promesa de regresar a Cartago, sabiendo que eso significaba su condena a muerte.
En su teoría acerca del desarrollo psicosocial, Erik Erikson, eminente psicólogo del siglo XX,
señaló la confianza básica como la primera etapa del desarrollo infantil. La obtiene el bebé cuando la madre o los cuidadores principales, responden de manera constante, previsible y afectiva a sus necesidades físicas y emocionales. Un grado saludable de confianza le permite al infante explorar el mundo con curiosidad, aunque también ha de desarrollar cierta cautela o desconfianza protectora, frente a los peligros. Ya en 1930 Sigmund Freud había escrito :"No hay necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre". Sentirse protegido, según el fundador del Psicoanálisis, permite desarrollar confianza en otros y afrontar situaciones con un menor nivel de ansiedad. La protección de un adulto confiable, incide en la manera en que el niño percibe su entorno y va a influir en su posterior capacidad de confiar. De esta hipótesis freudiana sobre el primitivo desamparo infantil y su anhelo de protección paterna, derivó en un tiempo primordial, la proyección de la imagen de un dios padre protector de la humanidad. Es la tesis del origen de la religión que Freud sostiene y desarrolla en su texto: "El porvenir de una ilusión". La idea de un dios universal proporcionaba un marco moral unificado y una base sólida para la confianza mutua, que se fundaba en la palabra dada entre los hombres, solemnizada con el juramento ante dios. El compromiso social adquirió el rango de acto sagrado. La confianza en dios, padre de todos, funcionaba como garante de la seguridad en la convivencia humana. A lo largo de la historia, sin embargo, la aparición de distintas creencias religiosas, no solo no ha garantizado la confianza entre los pueblos, sino que ha dado lugar a una larga fuente de conflictos. Ocurrió así en Occidente, donde ya extendida y asentada la fe cristiana a través del desarrollo de la Iglesia católica, la secesión luterana en 1517, originó la aparición de nuevas iglesias. Esta división, dio lugar a cruentas guerras de religión, a lo largo de los siglos XVI y XVII en toda Europa. La última guerra fue la de Bosnia cuando entre 1992 y 1995 se enfrentaron serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios musulmanes.
Coincidiendo con la segunda revolución industrial, entre finales del siglo XIX y principios del XX, surgió la sociedad de masas. En ella se debilitan los vínculos de las antiguas sociedades comunitarias, apareciendo la masa como" un conjunto desagregado de individuos", donde gana presencia un individualismo que busca tan solo el beneficio propio. Todo ello hace que disminuya la fe en los demás y en el propio concepto del honor. Este escenario lo ha descrito la profesora de Ética Victoria Camps en su reciente libro :"La sociedad de la desconfianza". Atribuye nuestra filósofa semejante incremento del egoísmo y de la desconfianza entre los humanos, a la vigencia de los postulados de un neoliberalismo insensible hacia las necesidades ajenas. Describe esta situación como un "colapso del nosotros", por desaparecer la confianza, que funcionaba como el pegamento que une a las personas. Un fenómeno que corre paralelo a este de la masificación social hasido el de la secularización. Según el último baremo del CIS de 2026, en nuestro país el porcentaje de ciudadanos que se declaran ateos, supera al de católicos practicantes. La población no religiosa en España se sitúa en torno a un 40 %. Junto a esta aminoración actual de la fe en un dios padre de todos, ya hacía siglos que la confianza entre los humanos se había depositado fundamentalmente en lo escrito y no tanto en la palabra dada, siguiendo la antigua máxima romana : "Verba volant, scripta manent" ( a las palabras se las lleva el viento). Todo este largo y complejo proceso ha contribuido a que en nuestras sociedades actuales la confianza se haya depositado básicamente en el Estado de Derecho, la Justicia y las leyes. ¿ Cual está siendo el resultado de este desplazamiento de la confianza, no tanto hacia los humanos, como hacia las instituciones ?.
Tras 10 años como Secretario General de la ONU, en su discurso de despedida, Antonio Guterres ha advertido que la pérdida de confianza en el sistema multilateral de las Naciones Unidas, es en la actualidad, su desafío más importante. Frente a los conflictos humanitarios, la ONU ha perdido su eficacia en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y crisis globales. Atribuye la parálisis institucional al poder de veto de los miembros permanentes en el seno del Consejo de Seguridad. Es un veto que frena, cuando no bloquea, resoluciones claves, dejando inoperante a la organización. La repetición sucesiva de guerras y la falta efectiva de mediación, erosionan el peso político del Organismo a nivel internacional. El auge del unilateralismo, la crisis de financiación de la ONU y los ataques a su legitimidad, han restado credibilidad a su acción. Tal situación ha quedado reflejada en el lema: " Restaurar la confianza", bajo el cual se ha reunido este año la Asamblea General de las Naciones Unidas .
Tres encuestas recientes publicadas en julio de este año por el CIS, El País/40dB y el Diario.es, coinciden en reflejar un profundo escepticismo de la ciudadanía española sobre la imparcialidad y el funcionamiento de la Justicia. Tan sólo un 27% de los encuestados por el País, ve imparciales a nuestros jueces. En este mismo sondeo, más del 65% consideran que existe "lawfare"( uso partidista de los tribunales). En la encuesta del CIS, tres de cada cuatro españoles, considera que la justicia no es imparcial cuando investiga a partidos políticos. De todas las encuestas procede la calificación de la justicia como lenta y de no tratar por igual a los ciudadanos, según sean ricos o pobres. Un 58 % de toda la población considera que el Poder Judicial vigila y sanciona "poco o nada" a los jueces que actúan de manera incorrecta y uno de cada tres, piensa que la institución judicial, protege de manera activa a dichos jueces. De todos los datos proporcionados por estos estudios de opinión, se desprende que la confianza en la Justicia en España, se encuentra en niveles bajos y polarizados. Por otra parte la Política se ha judicializado y cada vez más los conflictos políticos, acaban abordándose por los tribunales, en lugar de en el Parlamento. Esta falta de confianza también afecta por tanto, a la credibilidad en la Política.
El desgaste progresivo de la confianza en las instituciones, se refleja en que vivimos una época donde proliferan los departamentos de verificación. Cuando la credibilidad se evapora, todo requiere demostración. Pese a ello el problema subsiste, dado que los desmentidos o la rectificación científica, requieren tiempo y análisis, mientras que los bulos viajan más rápido que la verdad a través sobre todo de las redes sociales. Estas continúan difundiendo noticias engañosas, pese a haber sido denunciadas, incluso en algún caso multadas, por organismos públicos, en defensa de los ciudadanos. La difusión de información falsa y publicidad fraudulenta en el caso de las criptomonedas, donde se roba a los usuarios a través de transacciones irrecuperables, es paradigmático. Algunos organismos públicos como la OCU, han denunciado la publicidad engañosa que se ha hecho de ello en Instagram, Tick Tock , Youtube y Twiter. Incluso la CNMV ha multado a esta última, por publicidad fraudulenta en la que han suplantado a personajes famosos. Todavía pueden visionarse en algunas plataformas, videos de estas añagazas y falsedades.
La ONU creó un panel de expertos para abordar la problemática surgida en torno al desarrollo de la IA. Mark Coeckelberg catedrático en Viena de Filosofía de la Tecnología, forma parte de dicho grupo, como filósofo de los Medios. Recogemos unas reciente declaraciones suyas acerca de las cuestiones suscitadas sobre los riesgos de la IA : " Si ya no podemos confiar en lo que es real y lo que es falso, dejamos de saber cual es la realidad que compartimos y la democracia necesita esa base común. A la vez, la tecnología puede ayudarnos a recuperar el contacto más amplio con la realidad, abrirnos a una perspectiva del mundo más compleja que la inmediata y ayudarnos a conectar con los demás. El problema de la falta de certeza es difícil resolver pero pasa por regular las redes sociales para que resulte más difícil propagar ese tipo de desinformación. Igualmente hacer que un fin de la educación sea el de formar a una ciudadanía más crítica".
Para concluir volveremos al texto arriba citado de Victoria Camps :" Una fe solo se da en estado puro en la familia, en la confianza absoluta del niño respecto a su padre y su madre. La invalidez de la infancia obliga a confiar en los adultos para sobrevivir". ¿Estamos condicionados por una polarización tan general que solo se puede depositar la confianza en otro que sea de los míos, de mi partido, de mi credo, de mi patria o de mi raza,.....etc?.
¿ Y TÚ QUÉ PIENSAS ?.
Yo confío en tus palabras, me ayudan en este miedo progresivo que siento por los hechos quew rodean. Gracias
ResponderEliminarLa confianza es hija de valores antiguos como el de la palabra dada.
ResponderEliminarEl asegurar la confianza por escrito es otra cosa, es el aseguramiento, que no es ya confianza sino contrato.
Y estamos, desde hace ya muchos años, en una crisis de valores perdidos. Habrá que empezar por recuperar éstos antes de conseguir disponer de nuevo de la confianza.
Confianza y Compromiso, igual inicio e igual crisis. Esto no pinta bien...
ResponderEliminarLa polarización nos puede condicionar, pero aún tenemos capacidad para discernir.
ResponderEliminarLo que más nos condiciona, actualmente, es la inmediatez de un clic en cualquier lugar del mundo, que nos puede sembrar dudas, aceptarlo o rechazarlo.
No solo se trata de descifrar lo que nos llega por las redes sociales, sino de cómo afectan a nuestras emociones. Algo que parece tan inocuo como un emoji, un “me gusta”, no es más que un producto del tecnocapitalismo, que se nos inocula día a día. El capitalismo es camaleónico, siempre se adapta, y hace que nosotros también contribuyamos.
He empezado a leer un pequeño libro, “Tecnologías de los sentimientos”, de Eva Illouz, que incide en cómo, creyéndonos libres de elegir, estamos atrapados por las lógicas del mercado, que remueve nuestras emociones.
Confiemos en nuestro criterio y no nos dejemos llevar por cantos de sirena.